The Gunner

Tuesday, March 07, 2006

Melancolía nocturna


Es de noche... miro hacia arriba, al cielo despejado, y son pocas las estrellas que veo... ¿dónde se fueron las estrellas de mi niñez, esas que me hacían perder el aliento al ver tantas, titilando y haciendo guiños? Cuando tomé conciencia que eran bolas de fuego a una distancia inaudita, y más aún: tan lejanas que su luz eran tan vieja que en el momento de verla tal vez hiciera miles de años que la estrella se hubiera apagado, me sentí abrumadoramente pequeño...
Dicen que es la polución, el polvo que flota en miríadas de particulas y que impide que se vean, ya que están ahi... No sé, yo me siento un poco triste, siento que de alguna manera he perdido algo, que sólo quedaron unas pocas y mezquinas lucecitas, como para que no me diera cuenta... pero cuando las busco, esas pocas no me alcanzan...

Sunday, March 05, 2006

¿Porqué me obligás a escuchar tu musiquita?

14:00 de un domingo de marzo... Almuerzo programado en casa de unos parientes.
Llego, y de la casa de al lado, unos humanoides en el balcón, con los parlantes de su equipo de música hacia afuera, nos hacen compartir de modo compulsivo y "al taco" a todos los que pasamos a una cuadra, sus gustos musicales...
¿Cuál es el sentido de esto? Me gusta la música e incluso disfruto de la música fuerte, pero ¿que es lo que pasa que hace ya largo tiempo que tengo la sensación que lo que nos podría unir - la música - no es más que un instrumento de la agresión, cuando recibo un misil sónico de parte de un desconocido que bajo el meneado lema de "en mi casa hago lo que quiero", trasciende dichos límites, haciendome sangrar los oídos en la puerta de mi casa o incluso en el interior de esta? Digo, ¿porqué tengo que ir al encuentro seguro de una situación desagradable (probable discusión) para darle a entender que no me molesta que que quede sordo con el volumen, pero puertas adentro? Que, es más, si quiere puedo ayudarlo a sujetarse ambos parlantes a cada oreja para que disfrute a un volumen demencial...pero para que se encierre en la habitación más recóndita de su hogar, cuidándose de que no se filtre ni un chasquido. ¿Dónde carajos les ha quedado la idea de que mis acciones afectan a los demás?
No soy un caído del catre, me consta que la desesperanza que aqueja estos pagos, ha generado una a veces rabiosa actitud de "que me importa" en un creciente número de la población.
¿Qué puedo hacer frente a esta actitud que aparece en esta anécdota que relato, pero que se extiende a un sinnúmero de situaciones cotidianas?... Claro, el enojo me hace pensar en escenas de juegos (a los que soy aficionado), del tipo de sujetos armados con artefactos desvastadores, y casi me veo sembrando caos y destrucción... Jamás aceptaré esa vía, pero ¿cómo diablos les explico a los cada vez más numerosos sujetos que te "pasan por arriba" en aras de realizar sus deseos (¿desplazamiento de deseos más productivos quizá postergados?) que yo también tengo derecho a una existencia que no se vea obstaculizada por sus actos?
El tema da para largo, tengo un montón de anécdotas al respecto, pero ya es la hora, por hoy dejamos acá...