La búsqueda
Jadeas… Te sabes cansado y herido, pero mejor ni mirar abajo… Así y todo no puedes evitarlo, y nuevamente (¿cuántas veces ya?) tienes que luchar contra la náusea y el vértigo que sobreviene cuando tus ojos distinguen un vacío inconmensurable…
Sacas fuerzas y continúas, luchando contra un rebelde dolor de espalda (¡qué lejos están los días pasados!, ¿verdad? ¿Quién hubiera creído que estarías aquí, pugnando por no caer y subiendo, subiendo?…)
Balanceo, tu mano izquierda se aferra con desesperación a un saliente. La sangre corre por tus dedos despellejados, pero apenas te das cuenta… ¿Vale de algo seguir? La imagen burlona de Rrtixx se te aparece brevemente, como un destello que no obstante, y mecánicamente, apartas de ti…
Un extraño lagarto púrpura te inspecciona, pero evidentemente evalúa que no eres bueno para comer y despierta tu amarga envidia huyendo veloz y seguramente, hacia arriba. Arriba. Donde tu destino te espera.
Descanso. Contra la pared casi vertical, te aferras a ella como puedes, maldiciendo la tradición y el absurdo ritual que te trajo hasta aquí. Extrañas el confort del que disfrutaste hasta hace poco… Deseas ese trago de mreel que despreciaste, ocupado como estabas preparando tu espíritu ya que no tu cuerpo para emprender esta suicida subida…
Calambre. En el escaso espacio que tienes, flexionas la pierna. La duda se ceba en ti, ¿podrás llegar a la cima? Te impulsas y continúas a pesar del cansancio, sabes que el tiempo se acaba y los perseguidores se acercan. Arriba, el cielo se te antoja un reflejo siniestro del pozo que acecha hambriento a tus pies… Por un momento te desorientas y si te sueltas, no sabes qué dirección tomaría tu cuerpo en caída libre. ¿Y si te sueltas? Acaso sería el mejor final para este largo viaje.
El sudor salado que manas en abundancia, te irrita los ojos, pero a través de esa distorsionante niebla, puedes ver que el final está cerca.
Una extraña canción, átona y rítmica se escucha cuando finalmente, lastimado, sucio y hambriento, comienzas a incorporarte por el borde oriental. Temblando (y no sólo de cansancio), tomas tu amuleto y te enfrentas a tu hado.
