The Gunner

Thursday, January 29, 2015

Poesía Visual


Sunday, June 01, 2014

Un poema

INMORTALIDAD (Humberto Constantini)

Ocurre simplemente que me he vuelto inmortal.
Los colectivos me respetan,
se inclinan ante mí,
me lamen los zapatos como perros falderos.

Ocurre simplemente que no me muero más.
No hay angina que valga,
no hay tifus, ni cornisa, ni guerra, ni espingarda,
ni cáncer, ni cuchillo, ni diluvio,
ni fiebre de Junín, ni vigilantes.
Estoy del otro lado.
Simplemente, estoy del otro lado,
de este lado,
totalmente inmortal.

Ando entre olimpos, dioses, ambrosías,
me río o estornudo, o digo un chiste
y el tiempo crece, crece como una espuma loca.

Qué barbaro este asunto
de ser así, inmortal,
festejar nacimientos cada cinco minutos,
ser un millón de pájaros,
una atroz levadura.
Qué escandalo caramba
este enjambre de vida,
esta plaga llamada con mi nombre,
desmedida, creciente,
totalmente inmortal.

Yo tuve, es claro, gripes, miedos,
presupuestos,
jefes idiotas, pesadez de estómago,
nostalgia, soledades,
mala suerte...
Pero eso fue hace un siglo,
veinte siglos,
cuando yo era mortal.
Cuando era
tan mortal,
tan boludo y mortal,
que ni siquiera te quería,
date cuenta.-

Monday, October 12, 2009

La búsqueda

Jadeas… Te sabes cansado y herido, pero mejor ni mirar abajo… Así y todo no puedes evitarlo, y nuevamente (¿cuántas veces ya?) tienes que luchar contra la náusea y el vértigo que sobreviene cuando tus ojos distinguen un vacío inconmensurable…


Sacas fuerzas y continúas, luchando contra un rebelde dolor de espalda (¡qué lejos están los días pasados!, ¿verdad? ¿Quién hubiera creído que estarías aquí, pugnando por no caer y subiendo, subiendo?…)

Balanceo, tu mano izquierda se aferra con desesperación a un saliente. La sangre corre por tus dedos despellejados, pero apenas te das cuenta… ¿Vale de algo seguir? La imagen burlona de Rrtixx se te aparece brevemente, como un destello que no obstante, y mecánicamente, apartas de ti…

Un extraño lagarto púrpura te inspecciona, pero evidentemente evalúa que no eres bueno para comer y despierta tu amarga envidia huyendo veloz y seguramente, hacia arriba. Arriba. Donde tu destino te espera.

Descanso. Contra la pared casi vertical, te aferras a ella como puedes, maldiciendo la tradición y el absurdo ritual que te trajo hasta aquí. Extrañas el confort del que disfrutaste hasta hace poco… Deseas ese trago de mreel que despreciaste, ocupado como estabas preparando tu espíritu ya que no tu cuerpo para emprender esta suicida subida…

Calambre. En el escaso espacio que tienes, flexionas la pierna. La duda se ceba en ti, ¿podrás llegar a la cima? Te impulsas y continúas a pesar del cansancio, sabes que el tiempo se acaba y los perseguidores se acercan. Arriba, el cielo se te antoja un reflejo siniestro del pozo que acecha hambriento a tus pies… Por un momento te desorientas y si te sueltas, no sabes qué dirección tomaría tu cuerpo en caída libre. ¿Y si te sueltas? Acaso sería el mejor final para este largo viaje.

El sudor salado que manas en abundancia, te irrita los ojos, pero a través de esa distorsionante niebla, puedes ver que el final está cerca.

Una extraña canción, átona y rítmica se escucha cuando finalmente, lastimado, sucio y hambriento, comienzas a incorporarte por el borde oriental. Temblando (y no sólo de cansancio), tomas tu amuleto y te enfrentas a tu hado.

Friday, July 03, 2009

Una historia

- ¿Es que acaso no conocés otras canciones? – preguntó burlonamente D...
M. la miró impresionado... Aunque la mujer estaba a contraluz y el anacrónico sombrero victoriano que usaba no le permitía ver bien su rostro, lo supo intenso y hermoso. Largos cabellos de color avellana lo enmarcaban.
No pudo evitar sonreír… Había estado limpiando sus aparejos luego de su última aventura marítima, jugando a vengar incesantemente a su colega jamás nacido pero en su memoria, desde que supiera de él en una biblioteca de su juventud. Mientras lo hacía, cantaba, como siempre…
Conocía a D. Era la hija de un viejo pescador. La quería desde hace mucho, pero aunque se encontraban a menudo, sentía que no era correspondido.

Juguetonamente, le respondió cantando. Casi no podía evitarlo. Conocía muchas… canciones y mujeres (como mandaba la tradición). Pero esta no era su Olivia… y le pesaba. Mucho.
El pueblo sabía de ellos, sin entusiasmo ni pasiones pero con certeza… Destinados, aunque al parecer, renuentes o tal vez sólo sin saber. Él, el joven que se convirtiera en un hombre de mar improbablemente empeñado en la captura de cetáceos y cuya rasposa pero profunda voz hacía retemblar las copas del bar de marineros que frecuentaba. Ella, una niña dura que se había transformado en mujer, de una serena belleza, andar elástico, fanática de sombreros antiguos que casaban bien con su cuello de cisne.
- ¡Que si no conocés otras canciones, dije! – insistió D. al oírlo nuevamente.
Esta vez, M. no sintió que la pregunta buscara herirlo, pero súbitamente entristecido pensó: "Ay, amor... sin tí no entiendo el despertar... Ay amor, sin tí mi cama es ancha..."
- ¿Esta noche vas a la fiesta? – preguntó intempestivamente D.
- “Bailar de lejos no es bailar / es como estar bailando solo / tu bailando en tu volcán /y a dos metros de ti / bailando yo en el polo”…
D. lo miró sorprendida y estalló en carcajadas, pero enarcó las cejas acusadoramente.
- “Cuando el gris se vuelve rosa / y una imagen pensamiento, / cuando asoman las cosquillas, /como auroras de aire y fuego…”
D. sonrió divertida…:
- ¡No!... ¡Con esas letra, difícil que el amor comience!!
[1]
M., con una expresión dolida no pudo evitar canturrear:
- “Ay, amor… sin ti no entiendo el despertar…”
- ¡Ah, bueno! Esa está mejor… ¡Muchísimo mejor! Sabía que eras capaz… Pero no es verdad - dijo ella - Entre nosotros no tendría por qué haber un manojillo de escarcha…
M. cauteloso pero esperanzado la miró y ella lo sostuvo. Se miraron francamente, como si fuera por primera vez y cuando de una ventana abierta a la estrecha calleja portuaria la voz de Paul Stanley cantó "I was made for lovin´ you baby / you were made for lovin´ me / and I can´t get enough of you baby / can you get enough of me?"
[2], una corta carcajada que devino en sonrisa, la primera compartida, nació en ellos...

[1] La canción, de Axel, justamente termina el verso con “…el amor comienza”
[2] FUI HECHO PARA AMARTE NENA / TU FUISTE HECHA PARA AMARME / Y NO PUEDO CANSARME DE TI NENA / ¿PUEDES TU CANSARTE DE MI?

Monday, May 04, 2009

El invento maravilloso

 

Una mañana, B tuvo una idea luminante:  inventar un nochecedor, ya que a él le gustaba mucho mirar las estrellas y sobre todo la luluz y de día, claro, esto no era posible.  Pero B no era una persona de amilanarse por esto, ¡no señor!, de modo que un nochecedor era justamente lo que necesitaba…

 

Un mediodía, durante una particularmente aburrida reunión de consorcio (había que considerar la reparación de las roturas producidas en una reparación anterior, que se había roto), B, sigilosamente hizo funcionar el nochecedor, escudado detrás la Sra. Mermúdez y el Sr. Monzález. Y… ¡Se hizo la noche!  Hubo un revuelo general, que B, alborozado, aprovechó para salir rápidamente a la azotea y extraer su telescroscopio… El nochecedor fue el mejor y más apreciado invento que B había hecho hasta el momento! Y mientras en la malograda reunión todos trataban de poner orden y calmarse, B, pasó inolvidables horas a la luluz y observando la luna y las estrellas, anticipando con deleite las próximas veces que pondría a funcionar su invento y pensando ya en su próxima creación:  un luceador! (destinado a lucear reuniones aburridas).



¿Acaso no somos todos un poco como "B", necesitados de producir cambios en circunstancias adversas? ¿Nos animaremos a inventar "nochecedores", frente a tantos iluminados que sólo oscurecen las cosas?

Lo dejamos aca...


Glosario


Luluz:  Cariñosamente, luz de luna

Telecroscopio:  Telescopio del tamaño de un microscopio de funcionamiento dual, con dos baterías de 1,5 v no incluidas en el embalaje original.

Luminante:  situación luminosa, capaz de lucear lugares, emociones y mentes

Nochecedor:  magnífico artilugio electrónico capaz de hacer la noche a plena luz del día.  Inventado por B, patente en trámite.

Luceador:  aparato para lucear, aún en versión beta.


Monday, September 03, 2007

El color de las mandarinas

En la casa de mi infancia, había árboles frutales. De algunos no me acuerdo e incluso tengo representaciones extrañas… ¿Quién comería algo llamado "caqui"?, fruta de la que al parecer mi devoción por comerla caída del árbol, sucia, con moscas y probablemente "pasadita", llevó a mi padre a cortar el árbol ya que no se podían cortar tan fácilmente mis subsiguientes diarreas.

De otros árboles sí me acuerdo: un ciruelo de grandes, dulces y jugosas ciruelas amarillas, de un sabor que intenté reencontrar ya adulto y jamás pude, un níspero, que me encontró muchas tardes perdido en sus ramas más altas, observando el barrio desde arriba (y ocasionalmente escupiéndole carozos a la gente), y un árbol de mandarinas del que no conocí el color de su fruta madura hasta después de un incidente.

Solía atacar el árbol apenas las mandarinas comenzaban a cambiar de color… Yo sabía que debía esperar, pero no podía. Mis padres me lo repetían, con la resignación de las causas perdidas, pero como yo ya era más grande y con mejor resistencia gástrica, el mandarino no corrió la suerte del infortunado caqui.

La ocasión que marcó un antes y un después en mi percepción del color de las mandarinas, se debió al aumento de una destreza que había adquirido recientemente: allá por mis diez años, había logrado manejar mi bicicleta "sin manos" y me mostraba cada vez más osado.

Ese día al salir de casa, al pasar por el árbol tomé dos mandarinas (verdeamarillas, claro) y montado en la bicicleta, encaré la bajada de la vereda con mis manos ocupadas en pelar una de ellas. Por supuesto: me caí de cara, rodé por el asfalto y rodaron conmigo también mi orgullo, algunas monedas sueltas y mis mandarinas…

Tardé un tiempo prolongado en retomar mis acrobacias en la bicicleta, pero ya nunca pude recuperar mi gusto por las mandarinas, que desde ese día, maduraron alegremente en el árbol frente a mi recelosa indiferencia…

Saturday, September 30, 2006

Buenas y santas...

Hola, hacía un tiempo que no escribía ni andaba por acá... La verdad es que no suelo publicar lo que escribo (suelo pensar más de lo que escribo), pero el otro día le dije a alguien "escribir, es hacer una 'marca' que 'marca' (a quien lo hace)". Y es un ejercicio curioso, también el de hacer reflexiones en público (bah, entre lo poco interesantes y escasos que fueron mis comentarios, tampoco es que mucha gente se vaya a andar fijando... :-) ). Pero, me dieron ganas. Además, le debía una respuesta a "Alitas" que me había hecho un comentario a la primera cosa que escribí.
Pasaron muchas cosas, el mundo continúa su marcha, aunque pareciera dirigirse al desastre (hasta Stephen Hawkins, que por cómo ha estado desde hace mucho años y debe tener un ánimo y un optimismo a prueba de balas, vislumbra un futuro de corto alcance...), Argentina, como parte del mundo no desentona (me acuerdo que una vez, Federico Peralta Ramos en el programa de "Tato" le dijo, frente a su cara de incrédulo espanto: "Tato... crece el hambre, crece la desocupación, crece la mortalidad infantil... evidentemente, Argentina es un país en crecimiento").
No obstante y siguiendo el pensamiento que le contara a Alitas, mientras estamos vivos, podemos proyectar y crear, y tratar de relacionarnos con los demás, aún en medio de las dificultades...
Uy! Que tarde se hizo!...